Claro está, que a nacido una nueva era y no podemos escapar de ella. Las redes sociales, han modificado nuestra calidad de vida, especialmente en el periodismo.
Antes de comenzar a hablar de los fenómenos digitales y de cómo predomina en nuestro día a día la Web 2.0, es necesario remontarnos un poco en la historia para poder comprender los procesos de cambio en la actualidad:
Sabemos que hasta la fecha, es la imprenta la herramienta básica para que el periodismo escrito llegue a sus lectores. Herramienta básica ayer, pero hoy, no es la única.
pues no tan sólo ella, es la encargada de que los escritos periodísticos lleguen a nuestras manos, sino que desde la llegada de la Web 2.0, Internet se a convertido, en una fuente de información más imponente he incluso, más cercana que el diario o los libros en papel.
La información es inmediata, los usuarios comunes son también generadores de contenidos, y los medios de comunicación, tienen la posibilidad de interactuar con su público, a diferencia de los medios tradicionales.
Cómo las redes sociales, son una moda y han venido para quedarse, sumándome a dicha moda me tomé la atribución de preguntarles a los periodistas, a través de Twitter, cómo han modificado las redes sociales sus vidas y, la forma de ejercer su profesión. Lógicamente, las respuestas han sido instantáneas, les comparto pues a mí parecer, las más relevantes:
Por lo tanto, todo es positivo.”
“A mi entender, las redes sociales afectan al periodismo de dos maneras:
En primer lugar, se convierten en una nueva fuente periodística. Hay políticos que lanzan primicias en Twitter o polemizan con sus pares en Facebook. Muchos periodistas arriman sus preguntas y a menudo reciben la respuesta en minutos, sin necesidad de pasar el filtro de sus voceros.
Mientras dure la novedad, además, que un suceso tenga lugar en estas redes va a ser un condimento periodístico más ("Vía Twitter, la presidenta dijo...").
En segundo lugar, imprimen una idea de velocidad aún más vertiginosa que la que anteriormente existía.
Por ejemplo, con la explosión de Twitter, uno tiene que estar atento hasta último momento a ver si el político en cuestión no lanza una nueva declaración. O esperar hasta el cierre del diario para constatar cuántos a miembros llegó tal o cual grupo de Facebook sobre Néstor Kirchner, por ejemplo.
A diferencia del cronista de hace cinco años, el periodista de hoy está conectado permanentemente, no sólo con su correo electrónico sino además con las últimas actualizaciones de las redes, y eso marca un sentido de urgencia mucho más fuerte que el que la profesión ya conlleva de por sí.
Por supuesto que todo esto exige una actualización (tecnológica y de habilidades) por parte del cronista, que no puede quedarse afuera de los lenguajes y los códigos propios de estos sistemas, y un nuevo set de reglas éticas -no escritas, aún difuso- sobre cómo manejarse: si adelantar o no una primicia, si plasmar o no sus impresiones personales, o, si discutir o no de política con los políticos.”
“Hoy, cualquiera con un buen teléfono y saber preguntar puede ser periodista ya que las redes sociales son una plataforma para publicar cualquier tipo de información. La primicia se ve afectada, ya que la inmediatez de las mismas, sino se guarda cela la confidencialidad, puede destruir tu tapa en pocos segundos. Esta, puede quedar obsoleta a la hora de publicarla.
Lo único que no puede afectar las redes sociales a una edición impresa, es la credibilidad y la profundización con el contenido de la noticia.
Producen sin dudas un acercamiento al público y a las fuentes pero, El cuidado debe estar en saber discernir si es un rumor o una noticia. El chequear la información es esencial, para no cometer errores y, no vender mentiras.”
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