Así cómo desde pequeños, nos enseñan que las cosas mas valiosas no se olvidan, así cómo recordamos paso a paso cada momento vivido, así cómo somos capaces de ponernos la camiseta celeste y blanca, cuando se juega un mundial, y le demostramos al mundo, nuestra argentinidad. Yo les pregunto… ¿Somos realmente argentinos?
¡Si! Me responderían todos con la frente en alto. ¿Verdad? Pero… son capaces de enseñarle a sus hijos, que este país tiene historia, que los colores de nuestra bandera deben ir tatuado en la piel, y no tan sólo cada cuatro años, que deben luchar el día que ya no estemos, para que la memoria por los que sufrieron, no se pierda, no se esfume, ni se olvide.
Pues cada uno de nosotros, debe recordar que hace ya 16 años, un 18 de julio de 1994, la historia de nuestro país, esconde dolor, muerte llanto, e impunidad. Un atentado, desde aquel momento, se adueñó de nuestra esperanza, de nuestra lucha y peor aún, de 85 vidas inocentes.
Aquella supuesta camioneta que en tan solo unos segundos, a las 9 y 53 de la mañana, hizo explotar la amia, sin reparo alguno, olvidó, que el derecho a la vida existe, robando nuestra fe y la confianza en la justicia.
¿Justicia, Cuál justicia? Me preguntarán. La justicia, en la que alguna vez creímos, la que esperamos que regrese por nosotros, la que cada gobierno se fue llevando.
El caso que se abre y cierra una y otra vez, pruebas que se pierden, se queman, que existen, pero que no están.
Presidentes que gastan millones, en mentirle al mundo, lo argentinos que son. Pero AHÍ vienen y se van, ocultando el dolor, desapareciendo la justicia, esa en la que confiábamos y ya no está, sin importarles si quiera, un poquito, el nombre de nuestro país. Porque Argentina, cómo orgullosamente nos llamamos, tiene el nombre, de esas 85 vidas que se fueron, de los 300 heridos que quedaron, y de cada familia, que mira en vano y con tristeza, cómo su amado país, se olvida de ellos, matando una y otra vez, a aquellas vidas que partieron.
Cuanta muerte injustificada, cuanta gente que aún hoy, sigue luchando por sacar a la luz la verdad, pero… si me parece que fuese ayer, cuando la bomba explotó, dejando manchas de sangre que aunque se las limpie una y otra vez, jamás se borrarán.
Mis oídos, aún escuchan la explosión, los gritos de la gente, que suplicaba ser rescatada, aún siento en mi cuerpo, la sangre que corrió, las heridas que a esa humilde gente se les causó… Mi pecho, aún siente el dolor, mis ojos, lloran tantas vidas perdidas.
Gente, hoy, no soy yo, quien se los pide, es cada sobre viviente. Imploro por favor, que la realidad, no quede bajo los escombros, que los gobiernos, no sigan durmiendo en un país feliz que no existe, que la lucha no termine, que el atentado, no se olvide.
Es por esto, que hoy, después de 16 años. Con el alma llena de preguntas sin respuestas y sentimientos encontrados, les digo. Que la memoria… no debe enterrarse…
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